No se quedó sola la ciudad de Barcelos en alegrarme el día. El puente de D.Zameiro lo hizo cuando estaba amaneciendo y el casco antiguo de San Pedro de Artes cuando ya llevaba mediado el camino. También lo hizo una mujer cuando estaba a punto de alcanzar Barceliños. No fue un mal día a pesar de haber caminado la mayor parte de los 27 kilómetros que me tocaron hoy, por carreteras y calles adoquinadas, requiere una dosis mayor de voluntad. Hay momentos en que no le ves sentido a este esfuerzo. Piensas que te has equivocado en el planteamiento del camino. Aminoras la marcha y te dispones a realizar una parada en cada pueblo que atravieses. No te paras tantas veces como pueblos cruzas, pero te detienes con mayor frecuencia incluso en cosas que ni siquiera fotografías. Es difícil eludir el ansia de llegar. Cuando tienes una veintena larga de kilómetro por delante hay algo que te obliga a hacerlos cuanto antes. Y es ese es el fallo. Me lo digo todas las noches, como ahora, sabiendo que es inútil.
Esta mañana cuando amanecía, me paré media hora en el puente D.Zameiro sobre el río Ave, un puente que ya existía en el s.XII, que formaba parte de una importante vía medieval, de origen romana, que unía la ciudad de Oporto con Barcelos. Son muchas las fotos que hice del río, de los dos molinos que tiene en sus márgenes.
Unos kilómetros más tarde crucé de nuevo un río, el rio Este, también por un antiguo puente medieval, el puente de San Miguel de Arcos, que fue reconstruido entre los siglos XIV y XV . No tuvo nada que ver la impresión que me causo el de D. Zameiro que había cruzado a primera hora de la mañana. Ni el puente, ni el rio, ni la luz eran iguales. De madrugada el puente D. Zameiro resultaba inquietante, por lo menos.


































